
La mejor película épica que he visto últimamente es un cómic: 300, de Frank Miller y Lynn Varley. Trata sobre la defensa de las Termópilas desde el punto de vista de los espartanos, sobre todo desde el de Leónidas, su rey. Miller escribe y dibuja acorde con el espíritu recio de los espartanos, pero sobre todo escribe y dibuja a la altura de la leyenda. Hay ciertas licencias del autor, pero las leyendas están para reinterpretarse, ¿verdad? y la esencia del sacrificio heroico está ahí. Me gusta en ese sentido la apuesta de Leónidas por un futuro de razón y libertad
y su sacrificio por ese ideal, más allá de referencias a glorias y honores que son puro egoísmo. También me gusta el sentido del humor de Leónidas, cómo se enfrenta al deber sin mostrar debilidad en ningún momento, ni a los demás ni a sí mismo.
A nivel plástico es una suerte que sea Frank Miller quien dibuja esta historia, porque su estilo tosco y sobrio encaja muy bien con lo que fueron los espartanos. Me gusta el uso de las masas de negro y del color, le da a todo un aire de vieja leyenda descolorida. Me recuerda mucho a uno de mis tebeos favoritos, Aventura en la Jungla de Walter Simonson y Mike Mignola.
La historia transcurre de forma muy cinematográfica, con varios momentos muy memorables, así que no es extraño que haya una película anunciada para el año que viene. La dirige Zack Snyder, el director de una muy decente versión de El amanecer de los muertos, así que quizá salga algo bueno.
Creo que comprendo a los detractores de la versión peliculera de Sin City: si una película es igual que el cómic, ¿qué aporta? y si no es igual, suelen salir chapuzas (casi todo lo que ha salido de Marvel). Que vale, luego hay cosas muy decentes como Batman, pero es un poco triste que los cómics no sean valorados como arte ni literatura. Sobre todo cuando son historias tan profundas y vitales como 300, que pueden llegar a personas de cualquier edad.