A vueltas con el cristianismo

No sé qué me pasa con el cristianismo. En ciertos momentos me produce un gran rechazo, sobre todo filosófico, pero en otros comprendo e incluso comparto ciertos planteamientos morales. Ahora mismo me siento incapaz de burlarme del texto noviazgo de la misma forma que mini-d, porque algunas de las cosas que se dicen ahí me parecen muy nobles, incluso inteligentes. Sí, hay algo peor que la filosofía de vida cristiana: la filosofía de vida postmoderna de que todo vale, que hay que actuar irresponsablemente en aras de ser tú mismo (usualmente, un eufemismo para decir que te des a todos los vicios posibles), etcétera. La preocupación contemporánea por el sexo es ridícula, ¡le quita todo el misterio y el interés! (yo también prefiero las bragas a los tangas). Y qué triste es reducirlo todo a una cuestión de cama, como si no existieran el amor, la amistad, el sacrificio, la inteligencia, la comprensión, etcétera. El tema de la liberación sexual ha terminado en una consagración de lo soez, en una reafirmación del concepto bajos instintos – porque son los únicos que sienten los peores, los que no se exigen nada a sí mismos.

El sexo no debería ser un fin, sino un punto de partida (¡el Universo comenzó con un gran orgasmo de luz!). Si nos atraemos y nos reproducimos no es sólo por nosotros mismos: hay algo por encima y más allá de nosotros hacia lo que estiramos los dedos con ansia infinita; no nos resignamos a morir del todo, no nos resignamos a ver pasar los días sin más. Siempre buscamos algo más. Bien podría ser, como dice Rilke, que a Dios lo construyamos día a día, que sea el resultado de todas las acciones y cosas que pueblan el Universo. Dios como creación, no como creador (en todo caso, nunca creación de un ser individual). O Dios como conclusión lógica de todas las cosas, el omega. ¿Será Dios para mí como yo para una hormiga, o como yo para una célula de mi piel? ¿Somos realmente ajenos yo y esa hormiga?

Otra cosa: la relatividad. Entiendo que cada cual tiene sus valores, sus ideas y sus cositas. Entiendo que, en cada contexto, unas cosas son importantes y otras no, y que esto cambia en otro contexto. La cuestión es ¿todo resulta cambiante, o hay ciertas pautas de continuidad? ¿Es todo relativo, o hay un patrón de absoluto? Creo que está bastante claro que, aún en un caso muy básico, la supervivencia, hay un patrón de absoluto. Todo no es relativo. Aún antes de tomar conciencia moral, el ansia de vivir ya establece una vara de medir las cosas, un valor absoluto.

El problema no es la moral, sino qué moral. Si te la has dado tú a ti mismo o si has asimilado otra sin más, sin masticarla, sin hacerla tuya. Es importante saber por qué hacemos las cosas, qué es lo que nos mueve… aunque esto no suele ser algo que suceda de la noche a la mañana. Hay cosas muy simples que tardamos años en comprender. A mí me pasó con el concepto de felicidad que Voltaire expuso en Cándido: andaba buscando algo tan elevado y tan complejo que no era capaz de comprender la sencillez del mensaje. Sólo ahora, cinco años después, lo comprendo. Ahora es el momento. Quizá algún día termine de comprender el cristianismo, porque intuyo que algo que ha implicado a tantas personas sabias a través de dos mil años tiene que tener algo – aunque seguiré siendo reacio a las grandes instituciones, gracias.