Al Sur de Nubia

Los colores del sueño eran algo así como en Ciudad de Dios, con bastante contraste y un pelín descoloridos. Cuando veo imágenes de ciudades africanas (que las hay, no todo es desnutrición y guerra) siento una terrible atracción por esos mundos desconocidos. Pensamos que conocemos áfrica, pero qué va. Como Asia Central, ese puñado de países que acaban en -istán y que ya recibieron a Alejandro el Grande cuando en Europa Occidental no había nada. Pero África, ¡África! Soñé que caminaba por calles de piedra oscura, y escuchaba una radio de color rojo junto a unos ancianos de ropa blanca, e iba con otra persona europea a un templo milenario en alguna isla del Oriente tropical (¿Zanzíbar?), y nos sobrecogían unas estatuas gigantes de dioses extraños. Y no decíamos nada. El sol se difuminaba con los jirones del amanecer, y los colores eran tan melancólicos como en el último amanecer de Bizancio o Roma, descoloridos y gastados, restos de añejos tiempos de gloria.