Creo que auténtico es una forma de definir lo que me parece completo, lo que me puede llenar, aquello en lo que puedo confiar. Por ejemplo, un yogur auténtico sería uno de esos que hacen en Betelu, un pueblo de Navarra, y cuyo parentesco con la leche es trazable. Un yogur falso es uno de Danone, de esos de aroma a frutas que me dejan unas vibraciones en la lengua que, intuyo, son bichos mutantes. El yogur de Danone me deja intranquilo. El de Betelu me deja estupendamente. La durabilidad de la satisfacción es un buen indicador de la bondad de algo, quizá de la autenticidad. Por cierto, ¿qué es la autenticidad sino la presencia de la vida en algo? Las cosas falsas acaban en sí mismas. Las cosas auténticas inspiran, tienen hijos y el universo nace de nuevo de sus tripas. Pero la pregunta es: ¿un buen yogur te hace mejor persona? Yo creo que ayuda.