Leyendo viejos textos alucino con los contrastes entre la felicidad absoluta, la serenidad, la tristeza y la rabia. Me hacen sentir mal las explosiones de rabia, parece que degradan la felicidad que hayas podido sentir antes… como ir saltando alegremente por el campo y pegarte un tortazo contra un muro. Supongo (supongo, supongo) que la gracia de llevar un registro escrito de lo que piensas es ver cómo fluyen tus ideas con el tiempo, y por eso sería ridículo ver esto como una obra terminada, que tiene que seguir unos criterios, una homogeneidad… pero lo llevo mal, para qué negarlo. Querría soplar el barro y convertirlo en oro y plata, y hablar con gracia, y aguantarlo todo.
No sé si la luna llena fertiliza los campos, como creían en el Creciente Fértil, pero bajo su luz hay cosas que revelan una belleza oculta… por lo menos ayer, cuando una pareja de patos nadaba por las gélidas aguas del Bidasoa. ¡Cuántas cosas nos perderemos por no tener luz que las muestre!