Unas palabras para d’Arcy: yo te amaba como viniste a mí, y aún amaba más tu mala leche y tu rabia, y tus esperanzas, y tu pelo sin peinar, y tus celos, y tus camisetas, tus reproches y tus abrazos, y tus rodillas, y tu nariz imperfecta… adoraba tu imperfección, por dios, ¡sólo puedo amar tus imperfecciones! ¿Por qué corriste a parecerte a un anuncio? yo te quería como eras, sin cirugía, sin comida light, sin maquillaje ni bestsellers. Yo amaría tus arrugas y tu pelo blanco, pero por lo visto serás una Liz Taylor cualquiera con el pelo teñido y la piel estirada. La perfección nos aleja y nos aísla, sólo deja sitio para los modelos, y así no deberíamos vivir.