Me gustan las películas como Haz lo que debas y Entre el bien y el mal porque muestran esa intensidad y ese color que vibra bajo la superficie anodina de los barrios. No sé otras personas, pero a mí me encanta mi barrio. Tiene tiendas modestas y más que suficientes. Tiene monte y río, paseos y jardines. Por eso no entiendo el afán de sobreconstruir, de ahogarlo todo en cemento y asfalto. Cuando yo era pequeño mi barrio no estaba urbanizado del todo, y era genial, porque eso dejaba abiertas un montón de posibilidades. Esos espacios vacíos, aquellos sitios para crecer, para respirar, eran de todos.
Ahora son de cuatro. Donde hacíamos casetas y jugábamos ahora hay pisos y garajes. Y además, horribles. Menuda estafa. El barrio cada vez es más pequeño, más estrecho.
La vida de la ciudad me parece frenética, exagerada: agotadora. Todo es demasiado grande, demasiado largo, demasiado lejano. La ciudad es de las máquinas. La ciudad es inhumana, y poco a poco se ha colado en mi barrio. Las calles ya no son nuestras sino de los coches. Las tiendas cierran. La gente llega demasiado tarde de trabajar. ¿No es aberrante que todo ese rollo del progreso no se traduzca más que en más prisas, más obligaciones, más destrucción de la vida? I’m not living, I’m just killing time
. Estamos casi obligados a abandonar nuestro cuerpo, y aún así luego nos decimos que la culpa es nuestra porque no hacemos suficiente deporte. ¡Deporte! ¿Le dices a un hambriento que se conforme con chucherías? Lo que necesitamos son ciudades hechas a la medida humana para desplazarnos por nuestros propios medios y trabajos que nos hagan usar el cuerpo y nos conecten con la realidad. La realidad de lo cercano, que es la que más vale. ¿De qué te sirve vivir en un sitio que no te gusta, o que no puedes disfrutar? ¿De qué te sirve ganar dinero si no disfrutas de la vida? Como dice Ryan Carson:
¿Estaremos en nuestro lecho de muerte y diremos:
diablos, desearía haber pasado más tiempo trabajando? Lo dudo. (…) Cuando sea viejo, no desearé haber pasado más tiempo desarrollando aplicaciones web u organizando eventos. Lo que realmente me habrá importado es pasar tiempo con la gente que quiero o ayudar a otras personas. Trabajar menos te da tiempo para hacer esas cosas y también rejuvenece tu mente (…)Ryan Carson, The Four-Day Week Challenge
Está bien pensar en qué es la vida realmente. A mí me parece que es, o debería ser, una enorme oportunidad para disfrutar y aprender. Y es un cuerpo.