El diseñador ideal

La semana pasada hice una ponencia con Alain acerca de qué debía tener el diseñador ideal. Nos basamos en cosas interesantes, como el decálogo que viene con la guía de curso de nuestra escuela (del que ya me hice una versión) y el Hagakure; por mi parte, noto también la influencia del texto de Eric S. Raymond, Cómo convertirse en hacker y mis lecturas del Tao Te Ching.

Nos salió una lista de cosas irrenunciables de cara a ser un buen diseñador. Si hemos de hacer caso a Schopenhauer, para poder apreciar la excelencia en los demás hemos de ser excelentes nosotros mismos; de lo que se deduce que somos unos chulos. Personalmente, creo que hemos buscado unos horizontes hacia los que caminar, un manifiesto de intenciones.

  • Capacidad para evaluar los problemas en su contexto (esto incluye el contacto con la realidad)
  • Conocimiento teórico (historia, sociología, matemáticas…)
  • Paciencia e implicación con lo que haces.
  • Desarrollo intelectual, cultivo cultural.
  • Actitud crítica (con lo propio y con lo ajeno, y siempre siendo constructivo)

El diseñador no es un artista; se vale del arte y sus trabajos pueden convertirse en arte, pero en un principio no son arte, entendido éste como expresión pura, sin un proceso previo de trabajo intelectual. La verdad es que la diferencia es muy sutil. Por ejemplo, si los retratos del Renacimiento se hacían por encargo y seguían unas pautas previas, ¿no son diseño, también? Sí, pero también son arte, porque el arte es necesario para materializar el diseño. Creo que, al final, lo que distingue el arte puro del diseño puro es la predominancia de la inconsciencia o de la conciencia de qué se está haciendo. Ambas cosas tienden a cohabitar y se necesitan como la noche al día, así que lo ideal sería ser tanto diseñador como artista.