Me gusta el ideal indie porque es como decirle a los dinosaurios de las discográficas y las superbandas: No os necesitamos. Estamos hartos de vuestras poses estudiadas, del esquema disco-gira-disco-gira, de los recopilatorios con una canción nueva, de los vídeos promocionales que no aportan nada, de las radiofórmulas, del star-system, de que seáis envoltorios de la nada, de que estéis vacíos. Vamos a escuchar y a hacer la música que nos gusta, y va a tener espíritu, va a ser barata y va a decir algo. Porque la música no es una excusa para ser famoso y ganar dinero: la música es un fin en sí, el arte por el arte, la satisfacción de hacer algo hermoso. Para hacer fortuna hazte comerciante.
Es que es eso. Querer hacer mucho dinero es incompatible con hacer buena música: una vez metido en el ajo del famoseo y del cobro-por-todo, es un paso lógico el todo-por-la-pasta y empezar a sacar recopilatorios cutres con una o dos canciones nuevas, que además suelen ser una mierda. Hay casos contados de gente prolífica que mantenga un nivel alto y gane mucho dinero… ¿Bob Marley, quizá? Así que, como parece que hay que elegir, y en el fondo nos llena más escribir canciones o dibujar carátulas que gastar dinero… pues somos indies. O aspirantes a ello (es lo que tienen los ideales).
Es un desafío a la apatía, es un no queremos someternos; no sabemos si somos mejores o peores, no sabemos dónde vamos a llegar, sólo que ponemos todo de nuestra parte para hacer cosas que sentimos que merecen la pena, sin miedo a perder ventas ni a que nuestros fans nos rechacen por explorar otros caminos. Cuando tratas de gustar a todo el mundo tienes que rebajarte a un mínimo común denominador, a lo más bajo: por eso en la tele sólo ponen cotilleos y fútbol. Con este panorama, yo siento como una obligación moral buscar cosas que realmente me gusten, o bien hacerlas yo mismo.
A mí me gusta todo ese rollo de hacer fanzines, de enviar y recibir cosas por correo, de montar una página en internet con las cosas más absurdas que se me ocurran, ponerme a berrear con la guitarra… y sí, también me gusta hacer cosas productivas que den dinero, pero que no me den sólo eso. El trabajo debería servir para aprender y para mejorar por dentro, no sólo para ganarse la vida.
Por eso, es tan necesario lo amateur, lo no-tan-perfecto, si ahí hay vida, si hay pasión, si hay un sentimiento de que lo que haces es lo más importante del mundo… y al mismo tiempo, con la consciencia de que lo que haces es cosa de cuatro locos como tú. No quieres conquistar el mundo, ¡quieres crear uno nuevo!
Entre otras cosas, esto viene a cuenta de un artículo del Rockdelux sobre microsellos como Gssh! Gssh! y Ozono Kids. Por mi cuenta he encontrado Pop Child Records… pero hay muchísimos más, sellos pequeñísimos que se encuentran casi de casualidad porque apenas se promocionan. Bueno, Gssh! Gssh! tiene una sección de carteles tremenda, pero presumo que se verán en alguna perdida calle madrileña y gracias, casi como si yo pusiera carteles en mi barrio… mmm… mejor, tampoco quiero un mundo McDonald’s, con lo mismo en todos lados.
¡Todo este movimiento en el subsuelo es muy estimulante! Te dan ganas de montar tú tu propio sello. Es el triunfo del Hazlo tú mismo
, que se vuelve contagioso no sólo porque no encuentres nada que te guste en el mainstream, sino porque ves que es posible salir de esos mundos secos. Ves los jardincitos de otros y te inspiran a montarte tú el tuyo propio. El indie es infeccioso y es diálogo: escucha mi música, pero yo también quiero escuchar la tuya. O ver qué haces, tus dibujos, lo que escribes, lo que piensas. No quiero hablar con multinacionales, ni con estrellas, quiero relacionarme con personas reales
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