Hace un mes inauguraron en mi pueblo una nueva escultura interactiva (¿y cuándo habían dejado de serlo?), esta vez de Luis Mariano, lo que ha llevado a un redactor de El Diario Vasco a hacer una reseña de las esculturas callejeras de Irún. Empezaré con la crítica negativa: las recientes esculturas de Luis Mariano, una cantinera y Pío Baroja no me gustan nada porque son una forma descafeinada (y sin imaginación) de idolatría, aunque se finja y se haga el tonto con ellas. Además, hay algo tétrico en ir por ahí de noche y ver una figura humana que no es humana…
Prefiero, con mucho, obras más potentes y amplias como la fuente de piedra de Basterretxea que está en la conjunción de la Avenida de Navarra con la calle Uranzu. Sus formas bastas y abstractas, que no indefinidas ni frías, se integran bien con los árboles de su alrededor en una simbiosis afortunada. Uno no va junto a esa fuente a sacarse fotos ni a hacer el tonto, sino a refrescarse, a relajarse, a charlar, a pensar… y a darle a la fuente un significado personal, ya que no viene con uno de serie. A mí me parece un genio de aire atrapado por una amante de piedra con nostalgia de los viejos tiempos en los que flotaba libre por ahí… de ahí las burbujas.
Siguiendo con el recorrido por la (escasa) esculturería irunesa, otra obra que me gusta son las Layas de Gabriel Narzabal. En principio es un homenaje al ahora moribundo aspecto agricultural de Irún, tocado de muerte como la propia marisma en la que se asienta la obra, pero su presencia también es incómoda, ya que reivindica la tierra y las cosas tangibles que nos permiten comer y existir frente a los símbolos de la última modernidad de la zona: carreteras sobredimensionadas, casas casi imposibles de pagar (y habitar), deporte profesional… En definitiva, las layas son un recordatorio de la necesidad de mantener espacios abiertos, libres, fértiles, en los que poder sembrar y esperar, si queremos poder seguir soñando y haciendo. La otra opción, el horror vacui, nos destruirá irremediablemente.
Relacionado con todo esto, una serie de fotos de la casa de Oteiza y el propio Basterretxea muy cerca del Bidasoa y de Francia.

