Andrés me ha indicado un artículo estupendo que habla de la gran ventaja de tomarse las cosas con tiempo (¿y qué es la vida sino tomarse un tiempo entre la no existencia y la nada?):
Festina lente. Date prisa despacio. (…)
La “prisa” que necesitamos no es el crecimiento inicial, es la velocidad de reacción. Se requiere rapidez en la respuesta y en el aprendizaje, flexibilidad en la adaptación a circunstancias en contínua mutación, a problemas imprevistos y a ocasiones que se abren cuando – y donde – menos se esperan.
Festina lente en gandalf.it (por Giancarlo Livraghi; versión en español de Marco Bellonzi)
5 comentarios
Andrés 2007-08-11
Hola Carlos,
no sabes cómo me alegro de que te gustara este artículo: ¡yo lo encuentro magnífico!.
Y lo que me parece más interesante es cómo aplica esta máxima renacentista a las novedades de la era digital: a mí es lo que me llevó a bautizar una de las secciones de mi blog como “Recuperar el humanismo“, porque la sociedad digital será la época humanista, o no será: la era en que cada uno de nosotros seamos más libres para sacar lo mejor y lo más particular de nosotros mismos.
Yo, cuando ando deprimido con cómo va el mundo, con nuestros políticos, con la situación del medio ambiente, me consuelo con este “nuevo humanismo” digital que no traerá más que buenas noticias. Auguri. Andrés
Andrés 2007-08-11
Uh, otro comentario, el anterior, retenido por la policía anti.spam de tu blog… No le gusto nada!
Carlos 2007-08-12
He tocado alguna opción en el sistema; a ver si te deja tranquilo a partir de ahora…
Comparto contigo la necesidad de recuperar el humanismo: en esta época tan dada a lo manierista hace falta sensatez, integridad y humor. Bueno, como aspirante a humanista tengo que decir que yo casi siempre he buscado esa sensatez, esa integridad y ese humor porque me siento acosado por bajas pasiones, estupidez y drama. Supongo que solemos buscar lo que nos falta, lo que nos completa… y no estoy seguro de poder hacer juicios generales desde esta esquina del Universo en la que vivo.
Revisando las características del humanismo en la Wikipedia encuentro un programa apetecible tanto en el siglo XV como en estos inicios del XXI:
Por cierto, Andrés, ayer leí un artículo interesante con Erasmo de por medio, acerca de la ficción de la dignidad:
Andrés 2007-08-14
Hola Carlos, me ha parecido muy acertado lo que reseñas de Vila-Matas (al que por cierto admiro mucho), y de Coetzee (idem), y no puedo estar de acuerdo: la verdadera (y única) ofensa es la de la pequeña y vulnerable dignidad personal.
De hecho, la fragilidad intrínseca al ejercicio voluntario de esta dignidad personal está bastante en esos postulados iniciales que salen reseñdos en el libro de Guillén que ha dado origen a este hilo.
La vulnerabilidad es, históricamente, una circunstancia femenina: la biología las ha puesto, a ellas, sin quererlo, ahí; respetarlas es nuestra responsabilidad (la de los hombres), no abusar de ello también, y potenciar la nuestra propia (la de los hombres, también), nuestro futuro.
Y a tí que te interesa tanto el arte, dime algún artista que no creara desde… su lado femenino. Es muy interesante lo que cuenta el médico internista Rafael Lozano en una suculenta entrevista en la que, por cierto, asocia la vulnerabilidad como virtud con la lentitud.
En eso nuestro presidente ZP es un avanzado: dentro de 15 años todo el mundo estará en Europa haciendo lo mismo que ha hecho él con las mujeres, los homosexuales, y otros colectivos históricamente apartados.
Y, para nuestra felicidad, la prepotencia cojonciana de nuestra derecha (esa derecha que es especialista, por cierto, en ofenderse -”todos los ciudadanos DE BIEN tendrían que estar con nosotros!” ¿recuerdas?- esa derecha que se otorga la asignación del bien y del mal, que se atribuye el monopolio del sufrimiento ajeno… habrá quedado olvidada y guardada en el baúl de las peores historias.
Y en cuanto a tu decálogo…
Carlos 2007-08-19
Eso es un comentario con chicha y lo demás tonterías
(¡gracias!)
Sólo una cosa (no necesariamente una réplica, simplemente algo que me ha venido a la cabeza): la guerra no es una verdadera solución, sino llevar las cosas al límite para que estallen. Y al término de ésta no empezamos de cero, sino que hay vencedores y vencidos, y la situación es aún más injusta que antes. ¿Solución para evitar guerras? Tratar los problemas en origen. Otra cosa es la capacidad de lucha, de entregarse uno mismo para que prosperen cosas valiosas (vida, amor, futuro)… pero esto es un afán constructivo, creativo, “solucionativo”…