El hombre que contaba cuentos a la chica que contaba votos

a Eva

El hombre que contaba cuentos a la chica que contaba votos

Había un hombre que contaba cuentos al viento, pero el viento no le escuchaba, y eso le hacía daño.
En un lugar muy lejano había una chica que contaba votos, pero el río no le traía pepitas de oro, y eso le aburría profundamente.
Un día que el viento soplaba del norte, el hombre que contaba cuentos se quedó dormido mientras contaba un cuento muy triste.
Entonces, sus lágrimas cayeron al río y se convirtieron en granos de arroz.
Mientras tanto, la chica que contaba votos se quedó ciega porque no veía nada que le gustara.
Los peces la veían y se burlaban de ella, pero era ella prefería quedarse ciega que verlos comiéndose sus pepitas de oro.
Entonces, los granos de arroz llegaron al lugar del río donde la chica que contaba votos estaba sentada, y ella los sintió en sus pies.
“Los peces no comen arroz”, repetían una y otra vez los peces pringados de sangre.
Pero la chica que contaba votos se agachó y recogió el arroz, y el arroz se convirtió en oro en sus manos.
Empezó a escuchar una canción… y, sin darse cuenta, estaba cantándola en voz alta.
El viento vino del sur y, enternecido por la tristeza de la canción, la llevó al norte, hasta llegar al lugar donde el hombre que contaba cuentos al viento dormía.
Entonces el hombre que contaba cuentos al viento se despertó y escuchó su propia canción.
Se dio cuenta de lo triste que era y de cómo había desperdiciado su vida componiendo canciones tristes, así que escribió un cuento nuevo.
Este cuento hablaba de dos personas que se encontraban y que eran felices.
La chica escuchó el cuento y mientras lo cantaba empezó a andar.
El hombre escuchó la canción y mientras caminaba pensaba en el amor.
Se encontraron en medio del río, donde no hay peces sucios que se comen el oro ni vientos que no escuchan.
Y él tenía una mano de la que salían pepitas de oro disfrazadas de arroz, y ella tenía una garganta de la que salian canciones preciosas.

Carlos, 4 de Abril, 2002.