
John Rambo cierra la saga iniciada en Acorralado de la misma forma, acusándonos de disfrutar de la violencia gratuita (la mirada de Rambo victorioso es la de un gladiador cansado de tanta basura, no la del clásico héroe limpio), de inconscientes, blandos y optimistas patológicos (en esta película no somos Rambo, sino los misioneros), de hipócritas (qué malos son el ejército y la policía, pero ¿qué haremos cuando aparezca alguien que no se conforme con hablar? ¿Por qué no asumimos la responsablidad de autodefendernos? ¿Por qué la delegamos y después no respetamos a nuestros supuestos defensores? ¿Por qué atacamos a los funcionarios en lugar de a los dirigentes…?). Es un película severa, incómoda, y formalmente esto se plasma en un realismo atroz, un descenso a los infiernos de la decadencia humana comparables a los de Apocalypse Now. Sin embargo, se aleja del nihilismo de aquella y, al final de unos cortos e intensos noventa minutos, queda bien claro que el mensaje es la necesidad de aceptar la realidad y actuar en consecuencia, vivir por nada o morir por algo
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Extras: Reseña de Manuel De la Fuente en La Página Definitiva y Semana Rambo en Viruete.