Ahora sí. Echaba mucho de menos ir al cine a ver una buena película de acción, con persecuciones, explosiones, chistes y macarradas. Bruce Willis es un seguro de vida (tiene muy pocas películas malas), y aquí está más pasado de rosca que nunca (me recuerda a la también estupenda 16 calles del año pasado). Justin Long interpreta muy bien a un hacker al que John McClane tiene que proteger de unos terroristas internacionales que, curiosamente, tienen un jefe americano, un capullo perfeccionista con menos carisma que un pisapapeles, pero que se las hace pasar canutas al dúo protagonista. Creo que ya lo he dicho todo: no es ninguna experiencia trascendental, pero me lo he pasado como un enano.