La losa del clasicismo

Si asumimos que existe un clasicismo, asumimos que la historia se ha detenido en un momento dado, a partir del cual no queda sino conservar e imitar. Todo clasicismo es, pues, una celebración del automatismo y la comodidad, un cadáver perfectamente embalsamado cuyo maquillaje renuevan incansablemente los defensores de la tradición. A medio plazo, el clasicismo lleva a la superficialidad y al capricho, porque el mensaje que envía es que ya está todo hecho y no queda sino enredar [...]

De los clásicos hay que comprender su pensamiento y sus circunstancias, aprender, no imitar gestos que seguramente ya no tienen sentido en nuestra vida.

Gianni Storiante, Por un arte y una vida propios (1958)