No sabía que once horas en el cine pasaran tan deprisa. El ambiente ha sido estupendo, emocionante: cuando empezaban las películas todos aplaudíamos. Y cuando pasaba algo gracioso (¡viva Gimli!). Bueno, y cuando ha terminado El Retorno del Rey ya ha sido tremendo. Era como si todos fuéramos una sola persona, rompiendo en aplausos, agradecidos por haber podido ver semejante maravilla, rebosante de arte y humanidad. Estoy convencido de que jamás volveré a vivir algo así en una sala de cine, tal catarsis colectiva de placer.
Lo mejor de cómo ha llevado Peter Jackson esta trilogía es que, a pesar de las omisiones y los fallos, es tan hermosa que da igual. Vale que el libro de Tolkien es un material de primera; pero el reto era muy grande, y ha sido resuelto bastante bien. Tenía que dirigirla alguien como Peter Jackson, que es todo un hobbit… hace falta mucha humildad para poder hacer algo grande y que funcione.
Se ve en todo. No hay grandes estrellas, son trabajadores del cine. Hasta Howard Shore, el compositor de la música, parece alguien centrado. Lo que hay en el corazón de la historia de Tolkien no son dragones ni reyes, sino humanidad; no ves personajes increíbles, sino personas reales con sus dolores y sus valores. Ya sé que Frodo no camina por mis calles; de hecho, hay montones de Frodos ahí afuera. La fuerza de la historia es que Tolkien no nos propone modelos, sino personas. No hay moraleja ni metáforas; Gandalf sólo da ánimos y esperanza porque una persona sabia nunca te llenaría la cabeza con tonterías.
Es en Fantasía y en los sueños donde está la vida, donde laten las pasiones, los deseos, todo lo que hay de auténtico en nosotros. Es en nuestros sueños donde encontramos las pistas de lo que nos pasa, de lo que queremos, de lo que nos duele y de lo que sabemos que es nuestro destino. Y es en nuestra fantasía donde descargamos ese pedazo de Universo posible que habita en nuestra carne. Todo sueño y toda fantasía no son sólo un escape o una huida, sino algo por lo que guiarse, un impulso, un motivo para luchar y persistir. Yo necesito mis sueños y mi fantasía para seguir existiendo. Hay inspiración en montones de cosas de todos los días: los sueños y la imaginación lo elevan todo al infinito.
Desde que lo leí por primera vez con catorce años, El Señor de los Anillos ha sido una gran inspiración para todo, desde el comportamiento personal hasta el interés por la literatura, la lingüística o la historia. Y lo interesante de las películas o los libros es que te marquen, que te ayuden a crecer en todos los aspectos. Que te den alegrías y disgustos, ideas y conocimiento. A mí me emocionó especialmente la amistad y la lealtad que Sam entrega a Frodo, hasta el final. Esa entrega sin reservas que existe en algún sitio y que es un ideal hermoso.
También el elogio de la libertad individual. No vale decir que las circunstancias nos obligan a tal o cual cosa. Sólo tenemos el poder de decidir qué hacer con el tiempo que nos ha sido dado
. Siempre podemos decidir. Además, asumir que todas las personas son libres es de un gran humanismo porque eso realza el valor del ser humano. ¿Qué mérito tendríamos si no decidiéramos nada, si sólo fuéramos peleles empujados por las circunstancias?
La perseverancia, la decisión de seguir adelante. Llámalo honor o coraje, di que es que no se puede hacer otra cosa
(¿podemos alguno, realmente?). Seguir caminando aunque parezca que no hay mañana, sin renunciar a lo que eres. Y desde luego que hay que sacrificar cosas. No hay victoria sin sacrificio
. Si luchas por cosas que te importan, siempre tienes que sacrificar algo. Sea tu tiempo, sea tu salud, sean tus posesiones, sea tu espíritu. En todo se gana y se pierde, y la ignorancia no exime de nada.
Ya era un amante de la historia y de todo lo que significa, y ahora lo soy más todavía. Toca tantas cosas que me es imposible quedarme indiferente. No me cambia la vida, pero me da unos ánimos increíbles. Me da esperanza, entendida como confianza en que el futuro será bueno; y eso ayuda a vivir. Ayuda bastante a vivir.