No sólo vivimos en una enorme burbuja económica, sino también cultural. Esto lo noto en que cada vez se habla más de cifras y menos de la vida real: da lo mismo que las películas y demás productos culturales sean pura mierda enlatada, mientras lo vendan todo con un envoltorio maravilloso y convenientemente sobrevalorado. Como lo caro es mejor…
¿Dónde han quedado aquellos cines baratos que aún existían en los noventa? Mi abuela me cuenta cómo se llevaban los bocadillos de filete empanado y las pipas a las sesiones dobles de pelis de vaqueros… incluso tengo la suerte de haber visto Océanos de fuego al aire libre, tumbado sobre la hierba junto al frontón de Santiago (qué gran experiencia)… ¿Adónde quiero llegar? a que me importan una mierda los presupuestos, las ventas, los uniformes, las palomitas recién hechas… sólo he sentido felicidad en una sala de cine cuando he visto algo que me ha hecho salir de mí mismo, es decir, algo que me ha hecho olvidarme de todo lo que tengo alrededor, lo que incluye asientos, palomitas, personal, incluso calidad de imagen y sonido. Yo voy al cine a volverme tonto, a pasármelo bien. Cuando una película no es simpática ni profunda ni atolondrada dejo de sentir y empiezo a pensar demasiado… y sobre las películas se piensa después, cuando te has quedado marcado y no puedes dejar de recordarlas. Cuando, como un crío, sales del cine gritando como el rey cachas de 300, o queriendo ser fuerte y bueno como Rocky, o totalmente destrozado por un dramón, o con el regusto agradable de que hay justicia en el mundo, aunque sea puramente poética. Y toda esa poesía y esa sugerencia es transparente, no necesita que la vistan de seda.
De la misma forma que un montón de personas se han endeudado dramáticamente para tener la ilusión de que son propietarios, el arte popular (sobre todo el cine) se nos ha llenado de basurilla hinflada y sobrevalorada que hemos pagado sin quejarnos demasiado, creyéndonos importantes por el mero hecho de gastar dinero. Pero no hemos obtenido un cine mucho mejor, y en el proceso hemos perdido la esencia del arte popular: entretenimiento (y a veces trascendencia) baratos, y a poder ser a granel. Sí, muchas veces basura, pero con orgullo. La “calidad” que se la queden los de cartera llena y espíritu seco…