La tristeza tiene mil formas

En Learning to love you more hay un montón de canciones bajo el lema común the saddest song, la canción más triste. Me suele gustar comprobar cómo bajo una misma palabra se ocultan montones de significados distintos, así que he escuchado todas y sí, pasa eso. Además, a nivel musical, la mayoría de los temas y las interpretaciones me parecen, como mínimo, muy dignos; ¡un filón de buen room pop! Curiosamente, sólo una canción está titulada, así que hay que distinguirlas por el nombre de su autor.

Todas las tristezas no son iguales. La que menos me gusta es esa que es pura negación de la alegría, pero también negación de sí misma, con lo que sólo queda la nada como una mancha que lo corroe todo. Eso me sugiere, quizá, el tema de Isabelle. En mis años grunge supongo que me habría encantado.

Otra tristeza se acepta a sí misma, y la aceptación es hermosa. Como el tema de Celeste Sawinski. Por su parte, Dan Day ha interpretado una canción tímida y perezosilla, como tocando debajo de las sábanas, a oscuras. Deliciosa. El tema de Lisa Especiale es especialmente frágil, pequeño y digno, puro room pop con ese sonido / sentimiento de cuarto suburbano de los años noventa. Aunque para sencillez y bajosabanismo, el tema de la chica anónima de Madison, Wisconsin, que sólo susurra.

Las instrumentales de Steph Besarkis y Charris Ferguson aceptan la tristeza dramática, que también existe y es bien disfrutable. El tema de Carlos Pi, más que triste, es algo melancólico-contemplativo. Por otra parte, Treehorn ha hecho algo que no importa si es triste o alegre porque simplemente es una hermosa canción nocturna.

Derek White apela a esa tristeza de día de nubarrones grises sobre un cementerio húmedo y olvidado. Desarmante. Ese mismo día con ese mismo tiempo, Katelyn Mueller está en su casa vacía-vacía, lavándose la cara en el baño y tratando de seguir adelante. And I miss you, but I don’t want to / And I don’t want to, but I miss you. Algo parecido hacen Abbe Ertel Magid y Matt Modes, I keep it all to myself, comiéndose las palabras con leche.

Otra tristeza más: Estoy fastidiado, pero el mundo sigue girando. El ligeramente amargo pero invencible tema de Lawton Pybus, y la esperanza herida de la canción de Matthew Andrae. También la tímida sensibilidad de Christi Gravett-Carrington. La estoy-ja-ja-triste y energética This is the Saddest Song de Gregg Symons.

La tristeza que ya no es tristeza: Laura Thomas, con unos curiosos arreglos de piano y una alegría tenue que suena lejos, en un bosque a media tarde. Y podría estar escuchando la agridulce perla pop de Sarie Kazemi durante horas… And they don’t see that beautiful girl, dulce por fuera, triste por dentro, como no podía ser de otra forma en esta nota. Y finalmente, para terminar con las mejores canciones tristes, el todo irá bien (creo) de Willis Havers.

Hay otras canciones, casi todas, que merecen una reseña. Así que, si te sientes con ganas de pasear por el lado otoñal de la vida, dales una oportunidad. ¡Y manda la tuya propia, que es una iniciativa muy bonita!


Corrección (2006/08/08): Kazemi Sarie comenta que en el estribillo de su canción no dice And they don’t see that beautiful girl, sino And they don’t see the beauty within. ¡Gracias por la aclaración!

2 comentarios

  1. Duna 2006-05-07

    Eres capaz de ver eso en una canción?
    De saber analizar los distintos tipos de tristeza?
    Me sorprende y me agrada.
    Las canciones todavía no puedo escucharlas, pero te juro que me muero de ganas.
    Un saludo Charlie, un gustazo de post.

  2. Carlos 2006-05-08

    Uy, ¡hay tantas cosas puestas en estas canciones sueltas de autores anónimos…! Lo difícil sería no percibir esta enorme variedad de formas de vivir la tristeza, y todas tienen su cosa… ¡A ver qué te parecen cuando las escuches!