Las Vírgenes Suicidas

Otra película que, según seas, te puede resultar intrascendente, lenta y sosa, o fascinante, misteriosa, onírica. Unos chavales recuerdan a las hermanas Lisbon, que vivían en su barrio cuando eran unos adolescentes en los años setenta. Intentan reconstruir su historia con los restos que han podido recoger: diarios, discos, fotos… empiezan con el diario de Cecilia, la hermana más pequeña, y van recordando la historia de las hermanas hasta su suicidio colectivo. A pesar de que lo han intentado durante todos estos años, no terminan de comprender por qué hicieron lo que hicieron.

Las hermanas Lisbon © 1999 Paramount Pictures

La historia está impregnada de esa nostalgia que se tiene por las cosas que has querido y no has conseguido, con el vacío que sigue. Es una historia de fascinación, de ese amor adolescente en la lejanía, tímido y sofocante, y también del fastidio porque no terminó en nada más allá de la pura fascinación (bueno, con los años se convierte en una obsesión). Es también una historia suburbana, de las tranquilas, apacibles y soporíferas afueras de las ciudades, donde los adolescentes pueden aburrirse mortalmente. Lugares amplios, solitarios, vulgares, ciudades dormitorio dónde la única esperanza de vida está en las chicas. Sí, esas chicas que saludarán cuando ellas quieran, inaccesibles, seres de otro mundo. Las quieres pero no puedes decírselo abiertamente; tratas de hacerlo, pero están demasiado ensimismadas en sus asuntos como para darse cuenta. Nunca te escucharán. Hay algo trágico en esa sensación de aislamiento e incomunicación que se tiene en la adolescencia (bueno, en algunas adolescencias, tú quizá hayas sido completamente feliz). Los padres que no escuchan, la madre sobreprotectora, el padre ausente.

Es curiosa la normalidad, la cotidianidad de todo, y al mismo tiempo la sensación de que es algo especial, decisivo. Esa idea de que todas las cosas, incluso las más banales, sólo nos pasan una vez, y que ya no vuelven. Bueno, quizá varias veces, pero nunca es lo mismo. Tal como lo veo ahora, es la quemazón de la juventud que se va, del inexorable paso del tiempo (algún otro diría la pérdida de la inocencia). Ver cómo tu vida se consume como la luz del día, y así día tras día… perdido el contacto con el mundo exterior, ¿qué puede cambiar? ¿qué va a cambiar? la adolescencia es una planta que se pudre en interiores, y nadie sabe realmente si es mejor quemarse que desvanecerse.

Hay cierta amargura, cierto reproche en los chicos: Tendríais que habernos escuchado; podríamos haberos llevado dónde quisiérais, pero no nos tomásteis en serio. Y terminan admitiendo la mundanidad de las hermanas, pero no renuncian a su recuerdo.

Por fin, las piezas del puzzle fueron recuperadas; pero, sin importar cuánto lo intentáramos, siempre quedaban preguntas sin responder. Un extraño vacío (…) detrás no dejaron la vida, sino la más trivial de las realidades. Un reloj de pared que atrasa, una habitación oscura a mediodía, la tragedia de una persona que sólo es capaz de pensar en sí misma.

Tratamos de olvidarlas, pero obviamente fue imposible. (…)

En el fondo no importaba que fueran adolescentes, ni que fueran chicas. Lo único que contaba era que las amábamos. ¿No nos oyeron llamarlas? ahora ya nunca podrán escucharnos, encerradas en habitaciones donde estarán solas para siempre, donde no las encontraremos más que en nuestros recuerdos.

Lo que me gusta de esta película es que me produce muchas sensaciones de esas que no se pueden explicar fácilmente, obligándome a quedar mal cuando intento describirlas (igual que cuando intento contar un chiste). Me gusta el carácter semiabstracto que tiene, su fuerza sugestiva por encima de la narración. Es una película distinta a esa mayoría que busca contar una historia de forma convencional. Se renuncia a eso porque lo importante no son los personajes ni la trama, sino las personas, las sensaciones, los puñados de recortes y cosas incompletas que plagan la vida y dejan las preguntas abiertas para siempre. Que al final la vida es eso, aunque no se suicide nadie.

En cuanto a asuntos técnicos, todo perfecto. Atrezzo, música (Air y la selección de canciones de los setenta), actores (James Woods, Kirsten Dunst, Kathleen Turner…), color, todo perfecto.

Más cositas:

Añadido 2003/08/27: El suicidio es la vía rápida para la eterna juventud. Así nunca serás vieja, nadie podrá recordarte marchita. Siempre serás aquella adolescente que se suicidó, que era guapa y tal y cual, que podía haber hecho muchas cosas… y hay personas que prefieren la posibilidad de algo a la certeza de la nada. Qué odiosamente perfecto es todo lo que está muerto, insensible y lejano. Qué tragedia desperdiciar el tiempo y creer que no hay otra forma de vivir.