¡Ah, la Ciudad, inabarcable y equívoca! Conclusiones de la segunda vez:
- Hay demasiados monumentos en Londres. En lugar de hacer nuevos deberían pensar en ir quitando otros… bueno, y esto habría que hacerlo en todas las grandes ciudades, excepto en Roma y resto de ciudades hermosamente decadentes (me dicen que Lisboa).
- Nos alojamos en el Astor Kensington. La localización era perfecta: buen barrio, céntrico… y el precio no estaba mal, pero la organización fue un poco desastre.
- Estuve en Gosh, una tienda de cómics estupenda que, además, tenía una selección de libros de diseño hecha con bastante más criterio que las que se ven en el Design Museum, en el Tate Modern o en cualquier otro antro moderno. Conclusión: ¡a tomar vientos las galerías y que viva el arte popular!
- Al visitar Harrod’s vi qué trata de copiar (miserablemente) El Corte Inglés. Puntos fuertes: Harrod’s es un lugar limpísimo, tiene una sección egipcia y un monumento a Diana y Dodi. Sí, es caro, pero al menos tienes la sensación de estar en un sitio con clase.
- Enamorado quedé del autoservicio de ensaladas del Sainsbury’s, del buffet libre del Pizza Hut y de los Frappuccino de fresa y nata del Starbucks.
- Hyde Park nos quedaba cerca, así que estuvimos comiendo allí un día de sol. Es agradable ver a tanto londinense tranquilo…
- Vi morir a una ardilla atropellada junto a Saint James Park, y da pena, la verdad.
- Vimos 300 en la sala IMAX y estuvo bien. Aunque el acceso al edificio da un poco de miedo en cuanto anochece, el interior es acogedor, y es bonito el detalle de que un empleado del cine nos presente el sistema antes de empezar. Quizá lo peor fue que la película en sí no estaba preparada para sacar partido del sistema IMAX, así que la experiencia consistió en ver la película en una pantalla muy grande, pero supongo que ver algo en tres dimensiones tiene que ser apabullante. En cualquier caso, salimos del cine gritando ¡Sparta! (con s líquida, sí), y ese tipo de alegrías post-película siempre vienen bien, y más en una gran ciudad.
- Creo que tengo superado el respeto al avión, aunque claro, esta vez no hubo turbulencias…