Los pies me parecen dignos de ser amados porque soportan el peso de todo mi cuerpo y siguen siendo hermosos. Y sensibles: pocas cosas hay tan agradables como caminar por la arena fresca o la hierba, o revolver los dedos entre las sábanas esas mañanas de sábado en las que no tienes ninguna obligación. Y qué decir de la expresividad y la belleza de unos pies libres, flotando en el agua… sólo por respeto a nuestros pies no deberíamos engordar demasiado.