¡Ya estamos a quince de septiembre! y yo con bulletrain sin terminar… la verdad es que, ahem, este verano me he relajado a base de bien, ¡ni siquiera he tenido crisis existenciales! y claro, he hecho pocas cosas.
Este año se ha reafirmado mi pasión por la Tierra Media, aún más con el regalo que me hizo mi hermano de la versión extendida de La Comunidad del Anillo. He devorado el Silmarillion y mi visión de la obra de Tolkien se ha ampliado infinitamente. Por ejemplo, he comprendido el poder del Anillo Único, ash nazg. Sauron, al igual que Morgoth antes, cae y se consume en la oscuridad porque se ata a la posesión de las cosas, al deseo.
Es brutal la imagen de Melkor colocándose la enorme corona de hierro sobre la cabeza, que le pesa infinitamente, o cuando agarra los silmarils con fuerza, aunque le quemen la mano hasta el punto de que se vuelva negra para siempre. Es esa forma de identificarse absolutamente con su forma física y agarrarse a ella con todas sus fuerzas lo que hace que Melkor se vuelva vulnerable. Podemos compararlo con la imagen medieval de las personas que se pierden por caer en la lujuria y los pecados carnales, cuando la libertad del alma estaría en buscar las virtudes espirituales. Melkor renuncia al espíritu y es llamado Morgoth. Sauron culmina su propia atadura al mundo y a lo perecedero con el Anillo Único. Y cuando desaparece, también él desaparece. No deberíamos poner nuestro ser en cosas frágiles.
Es interesante el concepto de que ni siquiera los dioses pueden hacer todo lo que desean, que todos los seres están sujetos a unos límites. Estoy seguro de que incluso el propio Eru Ilúvatar tiene algo por encima suyo, y así sucesivamente. Sin embargo, esto no iguala precisamente a todos los seres: lo que los valar pueden hacer con esfuerzo (moldear el mundo) es algo muy superior a los poderes de los elfos, de la misma forma que los hombres envidian la inmortalidad y la cultura de éstos. Por cierto, qué maravillosa forma de aceptar la mortalidad propone Tolkien en el Silmarillion: un regalo de Eru Ilúvatar, que no nos ata al mundo, que nos da nuestro concepto de libertad (¿qué pensaríamos de la libertad después de unos cuantos miles de años haciendo cuanto quisiéramos? por cierto, muy bueno El inmortal de Borges). Y después de la muerte, no se sabe dónde vamos. Libertad como incertidumbre.