La semana pasada estuve viendo, no con toda la atención merecida, Mi vida empieza hoy (Große Mädchen weinen nicht, Las chicas grandes no lloran, 2002) y me gustó por lo bien que retrata la adolescencia de dos chicas normales que están creciendo demasiado deprisa. Como (brillantemente) comenta Noelio, el gran drama de la adolescencia (retratado en, por ejemplo, Ghost World) es el desvanecimiento de una amistad que nunca podrá superar la crueldad inevitable de la madurez
. Quizá lo más fascinante de la adolescencia es que es la última oportunidad para muchas personas de ser especiales; en mi barrio prácticamente todos eran alguien, con sus motes y sus anécdotas. Cruzamos la barrera de los dieciocho, o los veinte años y, ¿qué queda? en muchos casos, sombras, espíritus embrutecidos y tan recortados que si fueran árboles no pasarían de tocones. ¿No es descorazonador? Pues por eso es tan importante el ejemplo de amor y madurez de las protagonistas de esta película. Bueno, tardan un rato en llegar a eso, y les cuesta, y pasan por un montón de mierda, pero llegan. Y la vida se abre a sus pies. Rayos, ¡qué bien puesto está el título español! Y el original también: las chicas grandes no lloran. ¡Luchan!
Me ha gustado especialmente la interpretación de Anna Maria Mühe (Kati), que destila credibilidad por los cuatro costados y tiene una química tremenda con Karoline Herfurth (Steffi). El resto del reparto es muy decente y la banda sonora es realmente estupenda (incluso, objeto de culto para unos cuantos).
Ahora, algo que no viene demasiado a cuento, pero ya nos conocemos… me da mucha pena cuando gente de mi edad empieza a decir esas tonterías de que los chavales de hoy en día son idiotas. Por una parte, es señal de que ya piensan como viejos. Por otra parte… rayos, ¡son chavales! Si yo empezara a recopilar las estupideces que hacía hace diez años… por ejemplo, una vez traté de zanjar una discusión sobre mi capacidad para tener dinero diciendo: ¡Que ya tengo trece años!
. No recuerdo si mis mayores se rieron, pero yo lo haría. También recuerdo aquella vez, ya con unos respetables diecinueve, que fui a casa con The Fragile, un disco de Nine Inch Nails, y le dije a mi hermano en tono triunfalista: Mira, este disco es anticomercial
. Vamos, como si me lo hubiera regalado Trent Reznor :P Y la de chorradas que me quedan por acometer… ¿Por qué tendemos al enfrentamiento generacional? ¿No tenemos mucho que darnos mutuamente? Yo recuerdo con cariño a aquella profesora del instituto que me preguntaba ¿A qué tienes miedo?
, y me contaba la parábola de los talentos, y también los paseos con mi abuelo en aquellos días de luz infinita… etcétera, etcétera… debo tanto a los que me preceden, y siento que sólo puedo devolvérselo a los que vienen detrás de mí!