Micronaciones, microrreligiones, microproblemas

Algunas personas modelan estatuas de arcilla, o inventan personajes a base de palabras, y se imaginan que tienen voluntad y hablan. Pero no lo hacen. Sólo hubo un Pigmalión, y el resto son más bien ventrílocuos que dan apariencia de vida a marionetas.

Los dioses, leyes, naciones y demás inventos son abstracciones con las que tratamos de sublimar nuestra voluntad, dándole un carácter de grandeza, de inevitabilidad, de absoluto. Pero nosotros no somos ni grandes ni inevitables ni absolutos, y es mejor así, porque de esta forma nuestras eventuales estupideces no son demasiado duraderas. Y de todas formas la vida es demasiado corta como para perder el tiempo con cosas demasiado grandes.

Para mí, las mejores religiones son filosofía, no fanatismo; son amor al mundo, esperanza, afán de comprender. Existen por sí solas y se centran en los síes y en los quizases. No son cánceres sino abono, y sobre todo son algo personal, honesto. Pequeño.

También creo que la mejor forma de nación es la micronación. Más que nada, porque lo de las macronaciones es un engañabobos. Detrás de esos símbolos circenses (banderas, escudos, himnos…), ¿qué hay? ¿costumbres? ¿rarezas? Tu prima habla y baila raro y no dices que es una nación en sí misma, ¿verdad? Pues deberías. Al igual que en la programación, en la vida debemos aplicar el lema KISS: mantenlo sencillo.

Otra cosa: no deberíamos mezclar la palabra nación con asuntos puramente administrativos. Deberíamos entender las estructuras estatales como empresas de gestión, tomárnoslas con menos pasión, reducirlas al mínimo posible. No me voy de fiesta con mi gestor financiero, y tampoco le pido que me regale nada, sólo que haga su trabajo de la forma más eficiente posible. Sería genial poder cambiar de gestor como el que cambia de compañía de teléfono…

No sé, me parece que nos liamos bastante más de lo necesario con todos estos temas, que al final desvían un montón de energía y ánimos. Bueno, que los tiran al cubo de la basura. Las identidades colectivas son un invento cutre para parecer en lugar de ser, imágenes de comida impresa en papel brillante para famélicos. Parece que dicen: ¿Quién quiere autorrealizarse si tiene banderas e himnos?; a otra escala, ¿quién quiere tiempo cuando puede gastar dinero?. En conclusión: menuda pandilla de gilipollas dilapidarrecursos estamos hechos. ¿O acaso sufrimos por un deseo inconsciente de purificación a través del dolor?