¡La pizza casera ha sido un gran descubrimiento! Una base de pan, cien gramos de queso rallado, un poco de pimiento verde y cebolleta picados, un tomate en rodajas finas, orégano, diez minutos en el horno y a disfrutar. No sólo es barata, rápida y fácil de preparar, sino que está buenísima y no tiene efectos secundarios, como me pasa con los productos de Telepizza. Se pueden comer buenas pizzas por ahí, no obstante: aquí en Irun, en La Mamma Via son magníficas, y en un par de Pizza Hut de Londres era bastante buena (la de Vitoria, no). Las pizzas precocinadas no están mal, pero una casera siempre tiene la ventaja de la frescura.
Por otra parte, estoy entusiasmado con last.fm. Es un sistema músico-social que, a partir de la música que te gusta, te indica otras que te pueden gustar. Lo mejor es la radio: se ajusta a ti. Conmigo está acertando de pleno, descubriéndome montones de nuevas referencias. Por ejemplo, ¿no es genial el título Home is where it hurts [el hogar está donde duele]? El problema: Internet es una despensa de comida que nunca se termina, así que tengo que aprender a no estar comiendo todo el rato. Es decir, tengo que aprender a ignorar información, a simplemente disfrutar sin querer entrar en todo. Es decir, no apuntar cada canción que me gusta. ¡Y es tan difícil!