Puedo comprender que tengas miedo

Estimado Reinaldo:

Puedo comprender que tengas miedo. Lo que jamás me entrará en la cabeza es esa ansia de ser viejo, de seguridad a costa de tu dignidad, de tu libertad y de tus sueños. Jamás podré decirte que me parece bien la cárcel voluntaria. Jamás aceptaré como bueno que los leones se arranquen los dientes y las garras, porque eso va en contra de su naturaleza. Jamás defenderé el asesinato de los espíritus libres, porque deben arder, fluir, flotar, resistir. Si no eres lo que eres, ¿qué te queda? Nada. Vacío. Y así funciona, te arrebatan lo único que realmente tienes y después sólo queda consumirte en una espiral de deseos ajenos que nunca, nunca, nunca te llenarán.

No, no esperes respuestas del futuro. No existe. Y la memoria es una planta demasiado retorcida como para confiar en sus frutos.

No te digo que corras por ahí dando fuego al viejo mundo. Te digo que te atrevas a regar la planta de la verdad, que te atrevas a bañarte en la luz del sol, que seas amigo de los claroscuros, del musgo y la corteza de los pinos, de las baldosas viejas, de las estrellas, del pan de cereales y de la lluvia. Porque las monedas, los grandes planes, el progreso y la gente de la alta sociedad nunca serán tus amigos, no importa cuán intensamente lo desees. Ese mundo de polvo y esterilidad sólo es generoso en mentiras. Tus únicos amigos son las cosas reales, tangibles, efímeras e infinitas, todo lo que dice sí y quizás.

No te acostumbres a buscar consuelos. Un día es aceptable, dos es preocupante, tres es condenarte. Ve a la raíz de los problemas, no los cubras con cubos de helado o películas, no los hagas aún más grandes con deudas y promesas absurdas. No renuncies a la vida porque esté de moda. No te acostumbres a revolcarte en tu miedo, porque terminará gustándote. Acostúmbrate a luchar, a ser fuego de cambio, porque como decía el viejo Heráclito, el mundo existe por el fuego, todo es cambio, todo es guerra. Pelea de la mejor forma que sepas.

Quizás digan que no eres un hombre. Te llamarán gorrión, nube, perro rabioso. A mí me llaman mapache, y pienso que somos tan diferentes… ellos están inflados de futuro, de esperanza, de fe. Yo no tengo planes, ni futuro, ni espero nada. Sigo con mi proyecto de escribir mi pequeña historieta parafeísta, y quien ha podido leer algo me ha llamado desde lunático hasta animal de circo; y a mí me parece bien, porque es más divertido así. Y quizá realmente sea un montón de mierda, pero qué diablos, a mí me gusta.

Volviendo a ti, mi querido Reinaldo, tan lejano allende los mares y tan cercano en tus letras: sólo te pido que seas valiente. No creas que vas a vivir para siempre, que tienes un legado, una herencia que dejar, un prestigio que ganar o mantener. Todo eso son estupideces. Piensa en lo importante: estamos aquí cuatro días, comemos, reímos, eyaculamos, amamos, sufrimos y zas, se acabó la función. ¡Pásala bien, como decís allá!

Afectuosamente,

Antoine Marfluss


Traducción de la Carta a Reinaldo Ossa (Burdeos, trece de junio de 1997).