Lo que más me gusta de la música de Charlie Parker, John Coltrane y otros muchos músicos de Jazz es que parecen estar fuera del tiempo. Es como si conocieran el misterio de las plantas y la lluvia para no cansar, para ser profundos sin ser pesados, para inspirar y consolar, para multiplicarse sin avaricia ni desorden, con una comprensión y una aceptación absolutas de la vida.
A veces pienso que sí que sabemos qué hemos venido a hacer al mundo. Lo sabemos en nuestros huesos y en nuestra carne. Luego quizá lo interpretamos mal, o salimos corriendo detrás de las estrellas, o qué sé yo. El caso es que escucho Naima o A Love Supreme de John Coltrane, o cualquier tema de The Dial Sessions de Charlie Parker, o cualquier cosa de cualquier otro ignoto músico de Jazz y escucho equilibrio, raíces y espíritu. Aunque sólo sea mientras suena la música, aunque sólo sea durante unas pocas vidas de entre tantos millones.