Me suele dar una pereza inmensa irme de viaje, y otra pereza inmensa volver, pero merece la pena salir porque luego me lo paso bien. Y me ha gustado volver a una ciudad por la que pasé corriendo, ahora con tiempo para perderme. Conclusiones:
- Rilke tenía razón. Roma en invierno parece que se te cae encima, con toda esa antigüedad. Pero sólo al principio.
- Podría tirarme horas y horas en la Fontana de Trevi sin aburrirme.
- El Papa es una estrella de rock y me ha bendecido (¡buen título para una canción!).
- Los turistas japoneses me caen bien, quizá porque andan tan perdidos (y absurdamente sonrientes) como yo.
- En el Autogrill de la Via del Corso se come estupendamente y a un precio bastante bueno.
- ¡La mermelada de marroni (castaña) con vainilla está muy rica! (la recordaba peor)
- ¿Costaría mucho poner un par de fontanas de Trevi en Irún? Aunque fuera sin esculturas, sólo con rocas y agua cayendo. En la ciudad como en el monte.
- Por cierto, qué a gusto que se está en el jardín del Quirinale y, sobre todo, en Villa Borghese. Verde, verde, verde, algún cuervo, fuentes y paz.
- Mis primeras turbulencias en un avión… y creo que es la segunda vez que más blanco me he quedado. Al menos no grité.
Cómo no, algunas fotos.