Ruido de madrugada

Mientras conducí­a por una inundada Donosti, en Radio 3 sonaba Terrible Angels, de CocoRosie, la última sensación del indie-lofi-música-rara, a juzgar por la de veces que la van pasando en Radio 3 durante este mes de julio. Y bueno, La maison de mon rêve es un disco muy especial, que suena a viejo, a cuartito pequeño de ambiente húmedo, paredes verdes y ventana que da a tejadillos infinitos. Parece que salen de un viejo tocadiscos, incluso un gramófono, y (aparentemente) apenas tienen una guitarra y cacharros que golpear para sacar ritmos. Rezuma una especie de sofisticación sencilla… es un rollo muy libre y da gusto ver cómo salen por sitios que no te esperas: son imprevisibles, y al mismo tiempo reconfortantes, como música de extraños seres que habitan en bosques oscuros y se lamentan por cosas antiguas.

Tilly and the Wall © 2004 Tilly and the Wall

Buscando más cosas sobre CocoRosie he encontrado una página de reseñas muy maja, donde además hay música para bajar: está la demo completa Woo!, de Tilly and the Wall, la banda más mona de Nebraska. Hacen una música muy bonita, sencilla y todo eso que se puede decir del indie pop. Sin embargo, no es estrictamente un grupo tí­pico… vamos, tienen ese sentimiento de alegrí­a juvenil que no llega a ser obsceno y asqueroso, como la música popular del verano que se sufre en televisión, bares y demás lugares de vací­o espiritual. Al contrario, son muy suaves… seguro que viven en el campo, el ambiente de las ciudades está mucho más viciado. Y no, no son estrictamente un grupo feliz, tienen más profundidad que todo eso. Están especialmente bien I Can’t Believe y Sad for Days. Por cierto, tienen un disco y se puede escuchar. ¡Así­ da gusto! Hay más comentarios, por supuesto.

También he escuchado últimamente el último disco de múm, Summer make good, que sigue en la línea de la maravilla, el vapor y los ruiditos de la madrugada. Quizá Tol Eressëa, la isla hogar de los elfos teleri en la mitologí­a de Tolkien, sea Islandia. Siguen en su lí­nea, más tejiendo sueños que música, ahora sin Gy∂a y en un faro… las diferencias son sutiles, aunque el disco me ha dejado algo más frí­o que los anteriores.