Esta es la historia de los jóvenes que hacen arder su vida para proteger la Tierra.
Estos días he estado viendo Saint Seiya (Caballeros del Zodíaco en Occidente). Ya había visto la serie cuando tenía unos diez años, y recuerdo que me influyó mucho a la hora de formarme una imagen de Grecia: esas escenas de agonía nocturna entre templos ruinosos, con el cielo estrellado como único testigo. También es muy griega esa mezcla del hieratismo y la serenidad de los seres superiores (los caballeros de oro, el Patriarca, las máscaras de Shaina y Marin) y la pasión y la expresividad de los caballeros de bronce, en principio inferiores; es una buena plasmación de las dos corrientes tan comunes en la antigua Grecia… y en el propio Japón. Los samurais detestaban el histrionismo de esos mercaderes de Osaka
… nunca dejará de fascinarme esa habilidad de los japoneses para tomar elementos de otras culturas, mezclarlos con la suya y hacer algo nuevo.

La historia es muy entretenida, con continuas referencias mitológicas, una férrea defensa de la amistad y, sobre todo, muchas peleas. Pero unas peleas brutales, en las que se libera tal fuerza que la tierra se despedaza alrededor… ¡me encanta cuando las piedrecitas se elevan en torno a los Caballeros! Y esa fe incombustible, esa entrega incondicional a los amigos y a la diosa, ese esfuerzo sin fin, eso de no tengo derecho a morir, he de luchar por quienes me quieren
… se hacen milagros por amor. También me gusta esa comprensión y ese respeto por los rivales, que la lucha no sea algo personal y destructivo, que todos tengamos derecho a la redención.
Otro aliciente es una banda sonora magnífica (Pegasus Fantasy obliga a saltar en el sillón), que como todo en la serie combina lo trepidante del mundo moderno (rock ochentero) con la presencia monumental de la música clásica. La serie comienza en el mundo actual y, a medida que los personajes principales van aumentando en consciencia y en poder, más se acercan a lo clásico. ¡Es que, al principio, sus cascos parecen de moto! Contrastan radicalmente con las armaduras de los caballeros de oro, más sofisticadas, monumentales y complejas. Por no hablar de los kamei, los ropajes divinos que ponen a los caballeros a la altura de dioses: son barrocos a más no poder. Pero supongo que cualquiera que llegue a Europa trazará una línea desde el arte arcaico griego hasta el barroco romano, una línea desde lo humano hasta lo divino.
Me parece interesante cómo relaciona Kurumada lo eterno y lo temporal: los dioses (Atenea - Saori Kido, Poseidón - Juan Solo…) se encarnan en cuerpos que son mortales, y sólo vuelven a reencarnarse al cabo de muchos años. También me gusta eso de que ciertos personajes son derrotados y sellados, pero que inevitablemente vuelven al mundo, como si el equilibrio no fuera una paz estable sino una guerra continua con ocasionales treguas.
Mis personajes favoritos son los que, como Ikki, Shaina o Saga, al principio son unos cabritos pero luego demuestran ser tan valientes y generosos como los demás. O más.
Referencias:
- Death Mask Home Page - Saint Seiya
- Ice Planet - Los Caballeros del Zodiaco - Saint Seiya
- Saint-Seiya.com.ar
- Saint Seiya.Com
2006/04/16: El antiguo cuerpo de los jenízaros guarda parecido con el de los Santos de Kurumada…