Un par de referencias sobre la apelación a lo irracional como cortina de humo para tapar naderías:
A nadie debe extrañarle el título que Storr ha puesto a su bienal-pompier: Pensar con el sentimiento, sentir con el pensamiento. Bonito juego que sirve para enterrar toda pretensión teórica y comenzar a columpiarnos en la emoción, en la maravillosa intuición, en la nostalgia de la belleza perdida. Generar conceptos o entregarse a la crítica es demasiado fatigoso y obliga a comprometerse. (…) No os andéis por las peligrosas ramas de la crítica, comenzad a sentir.
Fernando Castro Flórez, La cultura del fraude
(…) uno de los más viejos y cerriles anhelos del hombre: imaginarse de vuelta a una Edad de Oro en la que no había mediación alguna (ni tangas) entre el hombre y la Naturaleza. Así, con mayúscula de hipóstasis y ecologismo. Una Naturaleza virgen del molesto y complejo progreso, de la prometeica y antinatural voluntad de los hombres. Sin fábricas contaminantes, sin automóviles vomitando monóxido de carbono, sin proliferantes y cancerígenas urbes, donde el hombre ha dejado aun de ser un lobo para los otros hombres y vaga a la deriva, solitario, aislado, sin manada y sin propósito. (…)
Ana Nuño, El calentamiento global, al desnudo