Soy leyenda

Reseña de Soy leyenda. 23 de diciembre, 2007 por Carlos Rioja

Me la han vuelto a pegar. Después de Transformers me prometí que no volvería a pagar por ver otro truño pensado para hacer el taquillazo y después hundirse en las brumas de la insignificancia. Soy leyenda es un intento de hacer ciencia ficción, horror e introspección psicológica que se anuncia como seria y profunda, y Will Smith está de mala leche toda la peli, pero a mí me ha dejado bastante frío, como una sopa con demasiada agua y muy poco alimento.

Hay alguna secuencia maja (la internada en la oscuridad, las imágenes de Nueva York abandonado), pero lo demás es una copia superficial de la novela de Richard Matheson que elimina aspectos clave sin ofrecer nada sustancial a cambio. Rayos, Soy leyenda es la novela de vampiros más relevante desde el Drácula de Bram Stoker… ¡y no sale ni un miserable murciélago en toda la peli! Eso sí, tenemos iPod, Shrek y referencias extemporáneas a Bob Marley para que nos sintamos cómodos y pensemos que, por muy mal que vayan las cosas, siempre podemos tener un final feliz… baratísimo y digno de un episodio de Más allá del límite (The Outer Limits), con la diferencia de que esto es vendido como cine de calidad… ah, y los malos. Qué basura de malos, qué mal hechos y qué poco miedo me dan.

Will Smith le pone ganas, pero cuando trata de ser serio me resulta demasiado frío y no siento mucha empatía (más bien nada). En cuanto a usar a la perra como contrapunto cómico… ¿esto no trataba de ser una peli de ci-fi-terror, en las que lo que mejor funciona es el humor negro? No, es una película para niños de trece años que aún no han visto nada serio con barniz de falsa trascendencia. Más que no recomendada para menores de 13 años debería ser no recomendada para mayores de 18 años, porque es un insulto a la inteligencia. Cuando voy a ver una peli de ciencia ficción quiero sentir el vértigo de lo frágil que es la humanidad, como en la magnífica Hijos de los hombres; pero claro, para que pase esto tiene que haber humanidad, y aquí lo que hay es un simple cálculo de ventas y referencias sensibleras a la fe y a la esperanza que sólo empeoran las cosas. Es como si trato de resolver una integral con el corazón: no saco nada. Y éste es un problema enorme que tenemos ahora mismo socialmente: tratamos de resolverlo todo con sentimientos en vez de cabeza, y no, aún hay muchas cosas que tienen que ser pensadas y razonadas.

La anterior versión cinematográfica, El último hombre vivo (Omega Man) era cutrísima, pero al menos era divertida, y Charlton Heston y su némesis, Mazayas, tenían carisma.

Por mí, que cierren ya los cines.

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