Tiempo

Creo que es un error enseñar la historia desde el principio al final. Es más cómodo y sencillo, pero ¿hasta qué punto vamos a cambiar eso por la sed de verdad? La historia no es un todo cerrado, sino una manta deshilachada que nos incita a tirar de un hilo, y éste nos lleva a tirar de otro, y así sucesivamente. Contar la historia de una forma secuencial requiere un sesgo, tener claro a dónde se quiere llegar, y eso significa manipulación, mutilación, mentira. El pasado no es algo intocable, no es perfecto, no está terminado, porque no lo conocemos suficientemente. Así, en lugar de tener nuestra vida como una ordenada sucesión de eventos vemos cómo aquí y allá los hechos se descomponen en una miríada de perspectivas y posibles explicaciones: el pasado está vivo. Ahora, ¿es eso importante? ¿Estamos menos vivos nosotros mientras nos sumergimos en esta búsqueda? ¿O sólo somos conscientes de nuestra existencia gracias a nuestros actos? ¿Estamos ya muertos? ¿Existe la muerte, realmente? ¿Podríamos existir como puros proyectos, es decir, como futuro? ¿Estará el futuro ya aquí? ¿Será el tiempo otra construcción cultural? ¿De quién es el tiempo? Qui prodest? ¿A quién beneficia una percepción u otra del tiempo? ¿A quién le interesa una historia lineal y aburrida?

A la gran novela de nuestra historia le faltan muchos capítulos, y los que tiene precisan de lectores despiertos. Es gracioso que ya en películas clásicas como Testigo de cargo el final fuera lo más jugoso, no por ser el final en sí, sino por desvelar el auténtico inicio de la historia (el cual, a su vez, precisa de nuevas explicaciones; pero mejor no liarnos aún más, por ahora). Y en muchas historias posmodernas se revela ese conocimiento de que el verdadero misterio siempre está al principio. Ahora bien, ¿qué pasa con el futuro? Llamamos futuro a esa parcela del Universo que sentimos que podemos cambiar, al huerto en el que plantamos nuestras esperanzas, esas plantas de fruto incierto… ¿Siempre? Los sumerios distinguían entre el destino, que es lo inevitable, y el hado, que es estrictamente lo que está en nuestra mano. Comprender esta diferencia podría eventualmente llevarnos a ver el futuro, como escribe Frank Herbert en Dune:

Muad’Dib podía realmente ver el Futuro, pero hay que comprender que su poder era limitado. Pensad en la vista. Uno tiene los ojos, pero no puede ver sin luz. Si uno está en el fondo de un valle, no puede ver más allá de este valle. Igualmente, Muad’Dib no podía mirar siempre en el misterioso terreno del futuro. Nos dice que cualquier oscura decisión profética, tal vez la elección de una palabra en lugar de otra, puede cambiar totalmente el aspecto del futuro.

Frank Herbert, Dune (1965)

¡Como para que luego despreciemos la filología y la literatura! :P

Este puñado de preguntas queda deliberada y explícitamente inconcluído.

2 comentarios Suscripción

  1. DoVi-KuN 2008-06-17

    Charlestone! Acabo el vent-catre! 24!… Espero que despues de ese día, estes dispuesto a iniciar una guerra nuclear en mi taimada mente para despertarla de su recien adquirido letargo de libertad! Non-stop!

  2. Carlos 2008-06-18

    ¡Sí! :)

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