Camino por estas calles que ya no me pertenecen y pienso en montañas lejanas, y en lo que hay detrás de esas montañas, en bosques flotando entre la niebla silenciosa, y en mares cálidos como bañeras, y en océanos terribles como pulpos que no ven la luz, y en esos salmones y esos pájaros que corren aventuras sin que nadie las escriba, y en hormigas que terminarán su labor aplastadas súbitamente. Yo tan sólo busco belleza entre las hojas secas y los carteles arrugados, ansioso y temeroso de lo desconocido, deseando vivir un día más. Y esto será así siempre.
Por la noche, cuando el ruido y las manchas menguan, puedo oír a la tierra bajo el asfalto, al pato en el río y al propio río, a los árboles prisioneros de las aceras y a las flores rebeldes que gritan y resisten en cada rincón; y todos ellos me dicen
¡Esto no se ha acabado! ¿Sabes cuántas veces se ha proclamado el fin de la historia, y cuántas veces se han equivocado?. La vida es invencible porque es amor al futuro.
Veo los monumentos de piedra y de metal matemático y pienso:
¿cuándo comprenderemos que no podemos construir mayores monumentos que nuestra vida y nuestro espíritu?.Isaac Bergen, Apuntes del cuaderno verde, primavera de 2006.