Vida y sangre

Me he formado una trilogía sentimental con tres películas que he visto en los últimos meses. Comparten la desinhibición ante la violencia y los sentimientos, la intensidad, el color.

Ciudad de Dios (Cidade de Deus, 2002). Fresca, colorista, salvaje, vital, dramática, divertida, más real que la vida. Cuenta la historia de un grupo de chavales en un barrio chunguísimo de Río de Janeiro, de cómo unos pocos salen adelante y otros muchos caen en la dinámica de violencia y destrucción típica de los desheredados. Es especialmente fascinante la inacabable red de personajes secundarios: me recuerda tanto a los montones de secundarios que he conocido en mi propio barrio…

El fuego de la venganza (Man on fire, 2004). Aunque México y Brasil son dos países distintos, en mi imaginario personal comparten esos colores cálidos, esa vida desenfrenada de contrastes entre la belleza y el horror. Un hombre atormentado, con demasiado pasado, se convierte en el guardaespaldas de una niña que le muestra que merece la pena seguir viviendo. Pero algo sale mal y… es una película violenta y está grabada de forma violenta, con movimientos bruscos de cámara, colores muy saturados, mucho grano… quizá por el contraste, los momentos bonitos lo son aún más.

Sin City (2005). Wow. ¡Esta película es tremenda! Parece un puñado de historias de samurais posmodernos: violentos, románticos, implacables. Si a esto le añadimos un tratamiento visual interesantísimo y unos personajes muy característicos, estamos ante una gran película. Eso sí: no es para todo el mundo. Si no soportas la violencia no te gustará nada.


Añadido 2005/09/07: Comentario interesante sobre Sin City.