Al principio de todo sólo había oscuridad.
Y en silencio y sin forma fueron surgiendo las posibilidades,
innumerables como gotas en el mar, Y eran imperceptibles,
pero algunas se unieron y se rechazaron, y nacieron el mundo
y el tiempo.Del amor entre la tierra y el agua nacio lo Verde
del amor entre el agua y el fuego nacieron las nubes
del amor entre el fuego y el aire nacio el Sol
del amor entre el aire y la tierra nacieron los pájaros
del amor entre la tierra y el fuego nacieron los cristales
del amor entre el agua y el aire nacieron los peces
del desamor entre la tierra y el agua nació la roca desnuda
del desamor entre el agua y el fuego nacieron vapores y niebla
del desamor entre el fuego y el aire nació la noche
del desamor entre el aire y la tierra nacieron las bestias
del desamor entre la tierra y el fuego nacieron magma y lava
del desamor entre el agua y el aire nació el tiempo.Célla Ománin, 1:1
Así comienza el libro de mitos de mi ciudad invisible, Zárbe. Aquella idea de graficar una película se ha simplificado en la identidad gráfica de una ciudad con su cultura particular (y construída). Así pues, este proyecto comenzó con una investigación de gráficas arcaicas, hasta la Baja Edad Media europea. Me interesan las culturas en las que no había una noción de progreso muy clara, en las que las cosas se hacían de cara a la eternidad: el antiguo Egipto, Roma, Bizancio…
Toda la pompa victoriana de los sombreros de copa y levitas se consideró, sin duda ninguna, esencial para la cultura del siglo XIX, y esa cultura se ha extendido por todo el mundo como nunca había ocurrido con ninguna otra moda en el vestir. Es posible que nuestros descendientes reconozcan en ella una especie de adusta belleza asiria, símbolo muy adecuado de la época grande y despiadada que la creó; sea, sin embargo, como sea, no ofrece la belleza directa e inevitable que todo vestido ha de tener, porque, al igual que la cultura de la que deriva, no estaba en contacto con la vida de la naturaleza ni en contacto tampoco con la naturaleza humana.
Christopher Dawson, Progress and Religion.
Siento que no está bien alejarse demasiado de las cosas básicas. Si nos encontráramos con una persona de hace mil o dos mil años, ¿de qué hablaríamos? Desde luego, no de máquinas, ni de velocidad, ni de series de televisión. Nos preguntaríamos cuáles son nuestros dioses, qué virtudes cultivamos, qué leyendas preferimos. Si nos gustan más los picos de las montañas o la infinitud del mar. Cosas así.
Todo viene de algún sitio. El diseñador toma ideas ya pensadas o desarrolla ideas latentes a partir de la observación del mundo; pero no crea de la nada, como tampoco es capaz de hacer nada realmente nuevo. Como dijo Francis Bacon en Essays LVIII: (…) all novelty is but oblivion
[toda novedad no es sino olvido]. Es imposible ser original, sorprendente, nuevo, diferente: sólo puedo ser yo. Así que renuncié a ser original o espectacular y busqué las cosas permanentes, las cosas que realmente me importan.

El resultado es que Zárbe es más un campo de tierra fértil que un grano de cereal; es un escenario donde pasan cosas, donde puedo jugar con mitos, identidades… un punto de partida, un trabajo para el resto de mi vida.
He desarrollado unos cuantos elementos básicos de esta cultura, pero son muchos más los que han quedado pendientes; y como sería interminable hablar siquiera de lo básico, me limito a una pequeña presentación de los resultados. Gana mucho gracias al Kontakion de Ivan Rilski, un tema perfecto para la ocasión porque a los zarbitas les parecía suficiente la voz humana para producir canciones hermosas.