Takeshi Kitano es uno de los pocos grandes hombres vivos hoy día. No sólo hace lo que quiere, sino que siempre busca, siempre hace algo nuevo. ¡Y le salen cosas chulas! Zatoichi es su última película y trata de un ronin ciego que, incluso sin ver, es un maestro con la espada. Pero se gana la vida como masajista, y va viajando de pueblo en pueblo. El eje de la película es que llega a un pueblo donde hay un grupo de mafiosos, a los que hará la vida imposible; parece que más por deporte que por inclinación moral. Y se dan todo tipo de situaciones: la película cuenta con elementos clásicos del cine de Kitano, como el drama, el humor y la sangre. Pero hay cosas nuevas, montones de detalles como el perfecto ajuste entre la música y los bailes de los campesinos — una muestra de hasta qué punto domina Kitano el lenguaje audiovisual. La ambientación es sensacional: las calles sucias, los cielos grises, los colores… los efectos especiales se integran muy bien, y el grano de la película aporta una sensación de antigüedad muy oportuna.

En conjunto resulta una película muy entretenida y una magnífica introducción al cine de Kitano. En esta línea también podríamos situar Brother, otra película muy fácil de ver y disfrutar… siempre que se toleren la sangre y los tiros, claro. Brother me parece una versión condensada y más asequible de la trilogía de El Padrino, aunque no tengan mucho que ver, más allá de la trama del auge y la decadencia de una familia mafiosa. Volviendo a Zatoichi, me parece un entretenimiento de calidad tanto por su estética cuidada como por estar contada de una forma atípica, al menos para nosotros, occidentales.
Nada que ver con ese pestiño, El último samurai, que apenas resiste un segundo pase. Fui al cine con buena voluntad (léase con el sentido crítico dormido) y, bueno, no me pareció mal del todo la cosa. Pero cuando empiezas a escarbar por debajo de la ambientación, que está muy chula, y la presencia de Ken Watanabe, urgg… la cosa huele mal. Tom Cruise, que aunque en otras películas como Minority Report, Eyes Wide Shut o Misión Imposible me gusta y todo, aquí resulta un tanto irritante. Aunque el problema es la historia en sí: todo es muy predecible y excesivamente preciosista. Casi todo el rato cae, más bien chapotea, en un sentimentalismo barato, y las comparaciones con Bailando con lobos son evidentes, para su vergüenza. Es más, aquí todo resulta incluso más artificial, aunque la película quizá sea algo más entretenida de ver. También es de agradecer que no haya demasiada trama de besuqueos y demás…
Claro, después ves Zatoichi, una película auténticamente japonesa que rezuma naturalidad aún cuando hay chorros de sangre digitales, y El último samurai te sabe a plástico. Sí, Zatoichi es ficción pero es muy natural al mismo tiempo… y creo que es porque no insulta a la inteligencia del espectador, no porque la ilusión sea pefecta.
Por cierto, ¿no es aburrido conocer de antemano quién es el héroe de la historia? ¿no hace todo demasiado predecible? Prefiero ver películas con actores desconocidos porque existe la incertidumbre de quién es bueno, quién malo y quién peor. No sabes de antemano qué roles van a adoptar los actores. Por eso le dieron el Oscar a Denzel Washington por Training Day: hizo un papel que nadie se esperaba, y lo hizo bien. Vamos, un malo que te cagas, un auténtico cabrón, que según va pasando la película te sorprende más y más lo retorcido que es. Y eso es lo que mola, ver una película y llevarte sorpresas. Para ver lo de siempre, pues me pongo una de Van Damme: eso sí que es un eterno retorno.