¡Zombis!

Este último viernes me hizo mucha ilusión ir a la taquilla y pedir entradas para “la de los muertos vivientes” :) Además, era la mejor hora posible: la medianoche.

El género de los zombis suele ser bastante despreciado porque lo absurdo de su planteamiento (¿muertos que se levantan y corren a por carne fresca?) nos muestra la debilidad de nuestro propio mundo, de convenciones como dinero o familia. Nos sugiere que muchas cosas que creemos inamovibles pueden no serlo, y esto es algo cruel pero también refrescante, ya que incita a pensar: ¿qué haría yo en una situación así? ¿sería fuerte e inteligente y sobreviviría, o haría el idiota y acabaría como un zombi yo también?. Salvando las distancias, una buena peli de zombis es esa búsqueda de lo auténtico que obsesionaba a Yukio Mishima pero a escala social. ¿Qué somos realmente las personas? ¿Sólo buscamos sobrevivir, nos preocupamos por los demás, nos obsesiona el poder? Las buenas películas de zombis nos dejan solos ante la vida, sin escape cultural posible.

Al menos eso sentí viendo La noche de los muertos vivientes y El amanecer de los muertos (“Zombi” en español). Ambas son clásicos del cine de miedo que trascienden el género gracias a su sutil análisis social, que nunca llega a nublar el objetivo principal de la película: entretener. Estas películas tienen de todo: drama, acción, toques de humor… y también litros de sangre y casquería, que a los zombis no les interesa el refinamiento precisamente. Y a los fans de los zombis tampoco, para qué negarlo.

En La noche los muertos vivientes los zombis son un fenómeno local, aislado, campestre, algo aún controlable por las autoridades. En El amanecer de los muertos, vemos cómo la cosa va a mayores y no, la autoridad no es ese ente omnipotente que nos protegerá de todo. Sólo nosotros podemos salvarnos, y quizá ni eso. En cuanto a El día de los muertos, la vi cuando era muy pequeño y sobre todo recuerdo una gran avalancha de zombis. Los hombres se ocultan bajo tierra y básicamente quedan militares y científicos. Pero ni la ciencia ni la fuerza consiguen detener, ni siquiera comprender, a la fuerza irracional e imparable de la muerte. Un final perfecto para la saga.

Sin embargo, George A. Romero ha visto otro camino por el que explorar la relación entre los muertos vivientes y los hombres. La tierra de los muertos vivientes explora la convivencia y diferentes formas de construir un mundo mejor: desde la torre de marfil de Kaufman hasta la tolerancia y las ansias de paz de Riley. En esta última entrega de muertos vivientes, Romero deja abierta la esperanza a un futuro en el que puede haber paz. Por eso la historia no termina tan mal como las anteriores, y al principio me resultó un poco decepcionante, pero visto con perspectiva es perfectamente comprensible. Con los años nos volvemos más comprensivos, y Romero parece que no quiere morirse sin tratar de comprender a los zombis, sin darles la oportunidad de mejorar ellos también. Que sí, que es absurdo pretender convivir con seres podridos que te muerden a la mínima, pero la mera existencia de los zombis ya era absurda, como es absurdo el odio a otras razas y otras culturas, a otras personas a las que ni conocemos ni comprendemos.


Lecturas interesantes sobre La tierra de los muertos viventes:

Carlos, 15 de Septiembre, 2005. Etiquetas: ,