En general puedo decir que Zwan no me convence. Con la aparición de Mary Star of the Sea, el primer disco, se han confirmado mis temores: Billy Corgan cada vez está más espeso componiendo. Con la producción no me meto porque Corgan siempre ha sido bastante dado a las sobreproducciones, pero claro, el nivel compositivo ya no es el mismo. O quizá es que he escuchado tantas cosas suyas que ya estoy cansado; que no creo que sea el caso, porque aún sigo escuchando (y disfrutando) las viejas canciones de los Smashing Pumpkins.
Es, más que nada, un problema sentimental. Billy Corgan parece que es feliz, y eso lo hace aburrido. Lo vuelve plano. El Billy calabaza era más ambiguo, más cabrón, más divertido, más emocionante, más chulo, más… joven. Quizá es que lo peor que le puede pasar a un músico es volverse viejo, entendiendo viejo como conformista, repetitivo… maduro. Oh, sí. Lo siento, Billy. Aún me gustan algunas canciones tuyas de las que haces ahora, pero ya no será lo mismo. En fin, supongo que siempre nos quedarán las ediciones de caras b y rarezas de los años de los Pumpkins.
Apunte gráfico. El artwork de Zwan es de mediocre para abajo.
2005/9/10. Un par de años después, admito que no estaba tan mal el grupo. Corgan compuso muchas buenas canciones entonces, y los conciertos estuvieron bien. Pero el disco era flojo, desde la selección de las canciones al pobre trabajo gráfico, y a la banda le faltaba algo, no sé si misticismo (esto quizá es bueno, porque cuando Corgan se pone místico pueden salir auténticos truños), no sé si atractivo (parecían un grupo de camioneros, que me perdone Paz).